Que vuestra vida bendiga a quienes encontráis



Que vuestra vida bendiga a quienes encontráis



SAN MATEO 7,7-12.

Jesús dijo a sus discípulos:
Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.
Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra?
¿O si le pide un pez, le da una serpiente?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!
Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.


  La perseverancia en la vida de la gracia,  es un don de Dios, y se constituye en un impulso trascendente y permanente , en el que crece la convicción de que sino fuera por la misericordia de Dios, solo seríamos malicia e iniquidad, y mueve la voluntad hacia la batalla persistente contra todo tipo de pecado, sea venial o mortal, ya que es siempre un desprecio del amor Divino. En este fervor permanente, sobre la sólida base de la humildad, permite ver al prójimo, la contrariedad y la propia vida, con la mirada de Cristo, superando entonces las barreras  de la desesperación, la tristeza, el rencor y la soledad.

“…Si vosotros deseáis seguir a mi Hijo, no juzguéis, sino amad como el Padre Celestial os ama. Cuando os sintáis muy mal, cuando caigáis bajo el peso de la cruz, no os desesperéis, no juzguéis, sino recordad que sois amados y alabad al Padre Celestial por Su amor. Hijos míos, no os desviéis del camino por el que os guío, no corráis imprudentemente hacia la perdición. Que la oración y el ayuno os fortalezcan para que podáis vivir como el Padre Celestial desea, para que seáis mis apóstoles de la fe y del amor, para que vuestra vida bendiga a quienes encontráis, para que seáis uno con el Padre Celestial y mi Hijo. Hijos míos, esta es la única verdad…”  (Del Mensaje del 2 de Mayo del 2014)

El valor de la perseverancia  en la oración, se manifiesta en el incremento de la esperanza y en los gestos concretos de compasión misericordia.  “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos…” (Mateo 7, 12)
Dice San Agustín: “El Señor te reserva lo que no quiere darte por lo pronto, para que aprendas a desear en gran manera las cosas grandes, por ello conviene orar siempre y no desmayar ( Lc 18,1).”
Nada más grande que asemejar nuestro Corazón al compasivo Corazon de Jesús. Él nos enseña la sublime grandeza de aquella oración que deja de pedir para si mismo, al conmoverse antes por la necesidad de los demás.
Cuando procuramos al prójimo el bien que deseamos para nosotros y sentimos una sincera compasión por él al verle sufrir el mal que tampoco nosotros queremos, lo amamos verdaderamente. Hacer otra cosa sería carecer de caridad fraterna. De esa manera, la Fe nos fundamenta en la Esperanza y nos hace operantes en la caridad.

“Hijos míos, esta es la única verdad. La verdad que lleva a vuestra conversión, y luego a la conversión de todos los que vosotros encontráis, que no han conocido a mi Hijo, de todos los que no saben qué significa amar…”   (Mensaje 2 de Mayo del 3013)



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